La Política es Así…

Por: Jorge Tolentino García.

El sistema judicial veracruzano ha tocado fondo por la corrupcion.

-La muerte de “Fabiancito”, un defensor público de 76 años, víctima del sistema.

-Rosalba Hernández deberá actuar con urgencia a su llegada.

El deceso de Roberto Vázquez Méndez, conocido cariñosamente como “Fabiancito”, es un crudo recordatorio de la hipocresía que se esconde tras el discurso del humanismo de la Cuarta Transformación. El humanismo, en el Poder Judicial de Veracruz, parece haberse evaporado junto con los recursos destinados a una infraestructura adecuada y a la atención de sus empleados.

Desde la llegada de Lizbeth Aurelia Jiménez Aguirre a la presidencia del TSJ, el sistema judicial veracruzano ha tocado fondo en cuanto a corrupción se refiere. La falta de insumos, las deplorables condiciones de los juzgados, y la escasez de personal han generado una carga de trabajo inhumana. La indiferencia de algunos funcionarios es tan palpable como las grietas en los muros de los vetustos edificios judiciales.

Mientras magníficos funcionarios se deleitan con café y galletas, los empleados se desgastan hasta la muerte. El caso de “Fabiancito” es una tragedia evitable. El director general de Defensores Públicos, Ciro Félix Porras – un personaje político sin la más mínima idea del trabajo judicial, colocado ahí gracias a los influjos de su madre, la ex alcaldesa de Minatitlán– se mostró tan insensible como una piedra frente a las súplicas de «Fabiancito», quien, con hipertensión y diabetes, viajaba incansablemente desde San Andrés Tuxtla a Coatzacoalcos, atendiendo a presos sin abogado particular. Seis años sin defensor de oficio en Coatzacoalcos. ¡Seis años!

“Fabiancito”, un hombre mayor y con serios problemas de salud, se desgastó hasta morir. Su muerte es una mancha indeleble en la conciencia de Jiménez Aguirre y Félix Porras, quienes, más interesados en la grilla política que en el bienestar de los trabajadores, esperaban que «Fabiancito» renunciara para colocar a sus incondicionales.

La nueva presidenta del TSJ, Rosalba Hernández, va a heredar un sistema enfermo. Creemos, por su trayectoria profesional en el Poder Judicial, va actuar con urgencia, no solo para proporcionar una justicia digna, sino también para garantizar la seguridad y el bienestar de sus trabajadores. En Coatzacoalcos, la falta de un defensor de oficio no solo condena a personas inocentes a la cárcel, sino que también deja al descubierto la terrible insensibilidad de quienes deberían velar por la justicia.

La muerte de “Fabiancito” no debe ser en vano. Es un llamado de atención para que el Poder Judicial de Veracruz deje de ser un cementerio de sueños y se transforme en un lugar donde la justicia y la compasión sean los pilares fundamentales, y no la ineficacia y la falta de acción. Sin más.