Análisis Político

Guerra política PRIAN vs Morena, críticas de un viejo sistema que se niega a desaparecer.

Hoy México atraviesa por un periodo de transformación principalmente de justicia social, se empieza a cambiar un modelo de explotación laboral que se radicalizó en los años 70s con una política de topes a incrementos salariales, generando un empobrecimiento mayor que llegó a más de 70 millones de mexicanos.

Fue un modelo que fortaleció a una clase política y empresarial, sobre todo con Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, un modelo de corrupción y saqueo de las finanzas públicas y endeudamiento oficial. Un modelo que se resiste a cambiar.

La lucha del PRIAN y Morena no es la pelea para ver quién es más corrupto, quién es más patriota o quién destruye más al país, la verdadera lucha es quién logra tener el poder para someter a los mexicanos, consolidarse como grupo político que tenga el beneficio de la riqueza del país.

Ahí está el engaño, el PRIAN es claro y directo, busca mantener el mismo modelo económico que genera más pobreza con un gobierno al margen de la actividad económica. Morena que vendría siendo principalmente la izquierda del PRI busca una mayor justicia social con programas sociales y una política salarial más justa, con una recuperación de salarios reales y no nominales solamente, peroooo manteniendo los mismos vicios de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias y control del narcotráfico por infiltración en el estado.

Morena viene a ser en la práctica la izquierda del PRI de los años 70s con base populista y con un cambio en la participación del estado en la actividad económica, con una mayor participación del estado y esto no es casual, el 70% de los cargos públicos son controlados por expriistas, muchos de ellos se pasaron al PRD y luego a Morena.

 El dilema sería terminar con los vicios de corrupción, nepotismo y malas políticas públicas del gobierno, y esto tendría que lograrse rompiendo con el sistema político de partidos que es una telaraña de interés de los grupos de poder que controlan principalmente las cúpulas partidistas y los grupos empresariales, lo que necesariamente implicaría mayor participación de los mexicanos en la vida pública, impulsado a líderes sociales a cargos públicos en los gobiernos municipales, estatales y la presidencia, así como en los congresos estatales y el federal.

Así que todo queda en manos del pueblo o mexicanos en acción para romper con el sistema político que frena el desarrollo del país.