Termina un periodo vergonzoso de décadas del Poder Judicial.
Norma Piña, la primera mujer en dirigir la Suprema Corte de Justicia, se va como digna representante del neoliberalismo, con una tendencia abiertamente en favor de los intereses económicos de un grupo de empresarios y de una mafia política.
Se va con un discurso democrático de justicia que solo existió en su subconsciente, demostrando que se puede gobernar con un 90% de impunidad, pero sobre todo demostrado que la ley en México tiene un precio que el pueblo no puede pagar.
No es casual el refrán de que la cárcel es solo para los pobres y los pendejos. No es para los pudientes, no es casual que se liberaran a narcotraficantes, a muchos corruptos funcionarios que saquearon al erario público y a quienes asesinaran o cometiera graves delitos.
Norma Piña se atrevió a presumir que la SCJN que presidio actuó con apego al derecho y solo la historia la juzgará. Todo un cinismo de discurso político, los mexicanos sabemos que siempre la impartición de justicia ha sido una porquería.
Perooooooo tampoco lanzamos las campanas al vuelo, si bien era necesario y urgente un cambio en el Poder Judicial, la forma en que se desarrolló la reforma al PJ deja mucho que desear.
Hoy solo la presidencia y la cúpula de Morena buscan tener el control del Poder Judicial a su modo en las reformas constitucionales, cero obstáculos, pero la impartición de justicia para los casos del pueblo tiene muchas barreras en los ministerios públicos. Las investigaciones amañadas y la corrupción que existe seguramente se mantendrán, aunque es un avance que hay que presionar para bien de México y el pueblo mexicano, ya que un país de justicia es un país que permite el desarrollo económico.
Hoy los problemas económicos, políticos y sociales son grandes, tan grandes como la pobreza y la miseria de millones de mexicanos, y esto implica la necesidad de mayor participación ciudadana en la política de este país.