El aire en Coatzacoalcos tiene olor a negligencia

La contaminación en Coatzacoalcos refleja la falta de responsabilidad de las autoridades en los tres niveles de gobierno.

Por: Jorge Tolentino García.

COATZACOALCOS, VER.- El aire en esta ciudad huele a negligencia. No es el aroma salado del mar, ni la fragancia de la vegetación tropical; es un hedor acre, químico, que penetra hasta el interior de los vehículos con aire acondicionado. Este no es un problema nuevo, sino un síntoma persistente de una crisis ambiental que exige una respuesta inmediata y contundente.

Alma Rosa, una residente, describe el nauseabundo olor en Agua Dulce, Pajaritos y Cangrejera, un olor tan penetrante que trasciende los límites físicos, llegando a afectar incluso a quienes viajan en autos cerrados. Esto no es una mera molestia; es una amenaza directa a la salud pública. La exposición a productos químicos tóxicos puede provocar una serie de problemas, desde irritaciones leves hasta enfermedades graves. El que el olor se perciba con tanta intensidad indica un nivel de contaminación alarmante.

La responsabilidad no recae únicamente en quienes liberan estos contaminantes. La inacción de las autoridades es igual de culpable. La mención de SEMARNAT, INECC y PROFEPA, entre otras dependencias, no es casual; es un recordatorio de la compleja red de responsabilidades que se han desentendido de la situación. La falta de control, la ausencia de medidas preventivas y la ineficacia de los mecanismos de sanción han permitido que la crisis se agrave hasta este punto. Mientras tanto, la ciudadanía se ve forzada a respirar un aire tóxico, con la salud como la principal víctima.

La referencia a la necesidad de participación ciudadana y la intervención de salud pública municipal es un indicio de la gravedad de la situación. La población, expuesta a esta contaminación crónica, se convierte en un colectivo vulnerable. Los desmayos y las intoxicaciones no son escenarios hipotéticos, sino riesgos muy reales.

El cierre de la carretera Coatzacoalcos-Villahermosa, en el entronque a Nanchital, y el bloqueo en Villa Allende, aunque aparentemente ajenos a la contaminación ambiental, reflejan un panorama de parálisis generalizada. La infraestructura se ve afectada, el comercio se paraliza, y la vida cotidiana se ve alterada. Si bien no hay una conexión directa con la contaminación ambiental, este desorden generalizado podría estar conectado a las consecuencias de la desidia administrativa, un gobierno que no prioriza la salud y el bienestar de sus ciudadanos.

En resumen, el olor a químico en Coatzacoalcos no es simplemente un mal olor; es una llamada de atención que refleja la falta de responsabilidad de las autoridades, la vulnerabilidad de la población y la urgente necesidad de una acción colectiva. Necesitamos un cambio radical en la gestión ambiental, un compromiso firme para proteger la salud de la comunidad y una investigación profunda sobre el origen de esta contaminación. De lo contrario, el futuro de Coatzacoalcos seguirá oliendo a crisis.